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San José
Para llegar a San José (Sant Josep de sa Talaia, en catalán) hay que tomar una salida de la carretera del aeropuerto, a unos 20 kilómetros (30 minutos) desde la capital, donde se sitúa una rotonda con un McDonald’s. El pueblo se encuentra en lo alto de las colinas del centro del municipio. San José, aun siendo un asentamiento fijo (en contraposición a las localidades turísticas), dispone de todo cuanto precise el día a día de un turista: bares, restaurantes, tiendas, terrazas, un cenador y callejuelas sinuosas, así como, por supuesto, las necesidades básicas de cualquier población, como centros médicos, escuelas, clínicas veterinarias y ayuntamiento. En San José se puede admirar una iglesia de puro estilo ibicenco: gruesos muros blancos rodeados de un vía crucis, así como un recorrido por donde se saca a los santos en las procesiones que se celebran en las fiestas patronales. Detrás de la iglesia, que domina el pueblo, encontraremos el Can Manyanet, un restaurante en cuyo jardín podremos probar y saborear la cocina típica ibicenca, con platos como el sofrit pagès o sofrito payés, un guiso de ternera con pollo, patatas y azafrán. Justo al otro lado de la carretera principal está El Destino, que sirve tapas, y al otro lado del cenador se encuentra el bar Bernat Vinya, en cuya sombra los ancianos se reúnen alrededor de una mesa para matar el tiempo jugando a las cartas y contando anécdotas sobre la cacerías con podencos, el perro ibicenco de caza, cuyas imágenes adornan las paredes. En los comercios de San José se pueden adquirir desde los tradicionales cestos y cerámicas ibicencas, esterillas para la playa o herramientas de labranza hasta bañadores de diseño, juguetes e incluso granjas enteras. En este pueblo pequeño pero bien estructurado, con impresionantes vistas a los tres lados de la isla, el enfrentamiento y estrés de los tiempos modernos deja paso al deseo común de disfrutar de un rato agradable viviendo la buena vida..
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